ENTRE LAS SOMBRAS DE LA VILLA es una selección de esas historias ocultas que pocos se atreverían a narrar, y que muchos no quisieran oír. Son narraciones que se mueven en forma independiente, pero entretejidas en un universo particular que las hermana; relatos estancados en un punto de disyunción-conjunción del tiempo. Un fantasma añejo y vengativo, un escritor que escribe su muerte, una aparición de quien no se conoce su leyenda, una maldición que cruzó los océanos, un inmortal forastero, y los misterios de un lugar escondido tras un portal, se reúnen para dar existencia a una fusión entre las ideas de una comunidad transerrana y los enigmas que se ocultan en las penumbras del lugar. Es un libro escrito sobre los mundos que habitan dentro de otros mundos. La suma imperfecta de una operación que atañe a sentimientos, confesiones, dudas y certezas. La lectura, es un viaje de ida y vuelta constante entre la realidad y una vida paralela, o quizás tan sólo, echar un vistazo inoportuno a las sombras, y a los seres que habitan en ellas.

 

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ENTRE LAS SOMBRAS DE LA VILLA – JUNIO – 2017

2X1: NO TODOS LOS REOS SON IGUALES; LA INDIGNACIÓN Y LA TRISTEZA DE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO DE ESTADO ES ÚNICA.

Si de sin sentidos se trata, este país parece la tierra prometida para mentirosos, especuladores y faltos de ética. Y si de ausencia de ética se habla, los jueces argentos son la expresión máxima de las mayores incongruencias morales. Pasando por encima de la grieta, que más que eso es una herida que no para de sangrar desde hace casi 65 años, y dejando de lado un rato la ridícula discusión que plantean los apóstoles de la teoría de los dos demonios; el fallo de la corte suprema sobre el dos por uno en favor de los genocidas, es un hecho doloroso y profundo que hiere la integridad de una nación que pretende vivir en democracia desde 1983. Sangre y lágrimas de inocentes costaron la restitución de los derechos constitucionales para todos los argentinos, y ahora, cinco tipos sentados en sus lujosos sillones de poltrona, fallan en favor de quienes se encargaron de sembrar el terror y las sombras que hasta el día de hoy se alargan lúgubres, en la vida de miles de familias.

¡Algo hicieron! ¡Sus madres no los cuidaron bien! ¡La violencia fue de dos los dos lados! ¡Fueron los únicos con pantalones para agarrar la situación!, son frases que circulan y es muy probable que sigan deambulando por el inconsciente y consciente colectivo, y que resultan hasta tolerables y discutibles, cuando de pronto la justicia cae en accionares siniestros que parecen devolver favores a los máximos responsables de un pasado sangriento y horrendo. Porque el estado, que debe ser el garante o al menos mediador en las relaciones entre los actores sociales, que tiene la misión de sostener una institucionalidad en donde los derechos y garantías de los ciudadanos estén vigentes; ese mismo estado fue convertido por militares, civiles y clérigos, en un aparato de represión y exterminación sistemática de personas.

Los cimientos de una sociedad justa e igualitaria, deberían comenzar a rellenarse con la defensa de la verdad, con la libre expresión, con el resguardo de la participación democrática, con la inclusión de las minorías, con garantizar el pleno ejercicio de los derechos de todos los individuos sin importar género, raza, etnia o religión. Las dictaduras militares, y sobre todo la iniciada en 1976 en nuestro país, representan la anulación de todo lo antes señalado, y el fallo de la corte suprema en el 2017 es una afrenta a la democracia misma, que con tanta pesadumbre costó volver a construir. Es cierto que en términos de igualdad, libertad y solidaridad, nuestra sociedad aún debe muchas materias por aprobar. Es cierto que las profundas diferencias que nos atraviesan, se convierten en un lastre que parece imposible de quitar sobre las espaldas del pueblo argentino. Y también es cierto que en plena democracia podemos pensar distinto sobre temas diversos. Pero favorecer desde la justicia a genocidas que representan el costado más perverso y malvado de los seres humanos, es un límite que no nos debemos permitir cruzar. Hay líneas, cercos, fronteras que la democracia debe establecer como inmutables si queremos preservarla.

No fueron delitos comunes. Fueron crímenes de lesa humanidad que no prescriben, llevados a cabo desde la toma del poder del estado y la utilización del mismo como aparato de represión y exterminio de lo que una minoría consideraba necesario aniquilar. ¡No al 2×1! ¡Defendamos la democracia! ¡Defendamos el futuro de la Argentina!

Carlos Manuel Vicente