ENTRE LAS SOMBRAS DE LA VILLA es una selección de esas historias ocultas que pocos se atreverían a narrar, y que muchos no quisieran oír. Son narraciones que se mueven en forma independiente, pero entretejidas en un universo particular que las hermana; relatos estancados en un punto de disyunción-conjunción del tiempo. Un fantasma añejo y vengativo, un escritor que escribe su muerte, una aparición de quien no se conoce su leyenda, una maldición que cruzó los océanos, un inmortal forastero, y los misterios de un lugar escondido tras un portal, se reúnen para dar existencia a una fusión entre las ideas de una comunidad transerrana y los enigmas que se ocultan en las penumbras del lugar. Es un libro escrito sobre los mundos que habitan dentro de otros mundos. La suma imperfecta de una operación que atañe a sentimientos, confesiones, dudas y certezas. La lectura, es un viaje de ida y vuelta constante entre la realidad y una vida paralela, o quizás tan sólo, echar un vistazo inoportuno a las sombras, y a los seres que habitan en ellas.

 

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ENTRE LAS SOMBRAS DE LA VILLA – JUNIO – 2017

LA PEOR PESADILLA

Voy a contarles mi historia más terrorífica. Anoche, cuando apagué la luz de mi habitación y mis ojos cayeron en el sendero profundo de los sueños, terminé llegando a un lugar incomprensible. Las aves silbaban alegres en los árboles y la brisa traía el aroma dulce del río que canturreaba ladera abajo. Los niños reían con las miradas desbordantes de felicidad, y los adultos en rondas hablaban sobre la libertad. El cielo diáfano, como el que jamás había visto, era el plano perfecto donde el sol brillaba resplandeciente. De pronto fui feliz y la dicha se apoderó de mi humanidad. Sin embargo, cuando las personas se percataron de mí, parecieron darse cuenta que provenía de otro mundo. Era como si supieran que yo no pertenecía a aquel sueño, y podía notar el temor que les provocaba mi sola presencia. Me expulsaban con la vista, cada uno de ellos me invitaba a marcharme. Temí y corrí con todas mis fuerzas mientras me escoltaban, pero sin hacerme más daño alguno que el de la lanza hiriente de sus pensamientos que calaba mi consciencia. Fue entonces que tropecé y desperté, en este mundo, de nuevo en esta sociedad, en esta pesadilla permanente.

Carlos Manuel Vicente