LOS DOCENTES MERECEN MAS QUE UN AUMENTO

El reclamo por un aumento salarial, de los docentes de todo el país, siempre es sinónimo de polémica. Muchos integrantes de la sociedad, se alzan a viva voz a criticar si se toman medidas de fuerza, y de inmediato se pone como excusa/rehenes a los chicos, haciendo alusión a que son los únicos que pierden si no hay clases. Más allá de ideologías políticas, que tienen gran injerencia en este meollo, la cuestión fundamental reside en el lugar que tienen los educadores en nuestra cultura capitalista. Por ello, termina siendo mucho más importante que un niño pierda un par de días de escuela, a que sus maestros y profesores reciban un salario digno, y lo eduquen con una enseñanza – aprendizaje de mayor calidad. Esto también se relaciona con la deformación de ciertos ideales, como el de la vocación: en nuestro país, tal valor, ya no es entendido como la pasión por llevar a cabo una actividad, sino como sinónimo de trabajar por poca plata en un laburo que pocos le dan importancia. Entonces si alguien pretende ser profesor, o estudia para otras actividades también mal remuneradas, debe aceptar que no recibirá una paga adecuada a sus capacidades ni su esfuerzo.

            De seguro la educación tiene sus falencias, ya que el sistema educativo nace de una intencionalidad política, y la dirigencia política es sinónimo de sectores dominantes. Hay que entender esto, para comprender que los engranajes que hacen funcionar la maquinaria de una sociedad capitalista, requieren de un amplio sector de dominados con un bajo nivel de educación, para que tales sectores dominantes sigan manteniéndose en esa posición. No es una casualidad que algunos señalen con el dedo a los docentes, porque la educación no tiene una posición de privilegio para las políticas del estado, y eso implica que los propios individuos, se pongan en contra de quienes son los únicos que pueden abrirles posibilidades a las generaciones futuras. Allí está el punto que hay que revertir. Hay que luchar y defender el salario docente, y desde la enseñanza, combatir todo aquello que va en contra de una educación de calidad para los alumnos. La tarea más ardua consiste, en poder difundir el conocimiento como elemento de cambio. No como una herramienta de progreso económico, sino como un instrumento de revolución social. Se tiene que velar por los derechos de los educadores y, defender la educación con la vida, ya que sólo en ella está el futuro de una sociedad igualitaria, en donde a los maestros se los vea como a una guía, y no como a empleados que no quieren laburar.

                                                                                   Carlos Manuel Vicente

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