LA DAMA DEL CANAL

canal dama

Dicen los noctámbulos que, por el canal maestro sur en las noches, se ve deambular una damisela harapienta. Pocos la han visto, pero después de tantos años, ya todos en la villa conocen la leyenda. Lacios cabellos oscuros, ojos negros, y una piel blanca como la nieve de las altas cumbres; es la descripción que arriesgan los afortunados de haberla encontrado. Los poetas y músicos, salen a la cacería de la aparición, pues auguran que de sus labios, proceden las más fantásticas inspiraciones. Algunos dicen que es un fantasma, otros la categorizan de alma en pena, y los más racionales afirman que tal mujer no existe. Cuando llega el invierno y las heladas asientan en las horas nocturnas, el curso artificial de agua despide unos vahos de ilusión y misterio, que se confunden con la niebla. Los transeúntes siguen soñando despiertos con la damadel canal y, quizás ella aparezca para sorprenderlos, danzando al ritmo de esos vapores naturales, o tal vez no, porque prefiere seguir siendo un enigma.

Carlos Manuel Vicente

*Foto: Patricia Bonaparte

LAS PÉRGOLAS Y LA LUNA LLENA

pergola y lu

Antonio Delarois, era un empleado bancario que, en sus ratos libres, se dedicaba a la alquimia y la colección de libros antiguos. Esto último le valió una reputación de hombre versado en asuntos mágicos, pero también de algo desquiciado. Su mayor logro, era señalar que el portal del palo borracho, no era el único misterio que escondía la Plaza Sarmiento. Sus investigaciones, de metodología desconocida, revelaban que cada viernes de un mes impar, coincidente con luna llena, las pérgolas de la plaza adquirían la capacidad de mostrar secretos a las personas que desearan cruzarlas. Una de ellas, dejaba ver el evento de mayor trascendencia en el destino. Otra, predecía la identidad del verdadero amor. La tercera, enseñaba lo que se debía hacer para cambiar los errores del pasado. La última, anunciaba el momento de la muerte.

La muchachada y las chinitas, buscaban ansiosos la pérgola del romance definitivo, pero el problema estaba en que el bancario alquimista, nunca explicaba cuál era. Cuando llegaban los días precisos, no cualquiera se arriesgaba a cruzar el corredor equivocado. En definitiva, el futuro es algo incierto, del que nos gustaría saber muchas cosas por anticipado. Pero la muerte, es aquello que sucederá en forma indefectible y, sin embargo, preferimos no darnos por enterados.

Carlos Manuel Vicente

*Foto: cortesía de Patricia Bonaparte

EL PORTAL DE LA PLAZA SARMIENTO

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAlquimistas especuladores, hombres de letras, y misteriosos poetas, afirman que en la Plaza Sarmiento hay un portal mágico. Según sus convicciones, la abertura se encuentra escondida en uno de los palos borrachos, de la explanada del Barrio Jardín de la villa. Nadie sabe que fuerza cósmica lo ha colocado allí, pues ningún mortal conoce el tronco preciso donde se encuentra. Los rumores señalan que, a través de él, se puede llegar a otro universo paralelo, pero tan solo son elucidaciones sin pruebas. La mayor confirmación de la existencia de la puerta, es que muchos se han lanzado a la aventura de encontrarla, habiéndose esfumado en el intento. Lo cierto es que, hurgando entre las espinas de los generosos árboles, aquellos que salieron a saciar su curiosidad, nunca más fueron vistos.

Los mismos líricos, letrados y magos que aseveran la existencia del pasadizo secreto, continúan buscando el palo borracho correcto, y mientras tanto, se encargan de reflexionar, que quizás los desaparecidos estén en un paraje mejor, lleno de las esperanzas que en este mundo añoramos.

Carlos Manuel Vicente

LA LEYENDA DE LA MUJER DORADA

En las penumbras, ella viajaba solitaria. Hacía tiempo la buscábamos, sin saber bien de que se trataba. Una mujer de oro, que escondía los secretos del universo en sus labios, decía la leyenda. Éramos jóvenes imberbes, lanzados a la aventura en tierras desconocidas. Entre piedras y cerros, en las hondonadas del valle, le seguíamos el rastro. A veces nos sonreía en sueños, a veces despiertos, creíamos verla. Después de noches cerradas y días fatigosos, conseguimos cercarla en un algarrobal centenario. Ninguno podría contar la historia, nadie sobrevivió, al misterioso regalo.

Carlos Manuel Vicente