LAS PÉRGOLAS Y LA LUNA LLENA

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Antonio Delarois, era un empleado bancario que, en sus ratos libres, se dedicaba a la alquimia y la colección de libros antiguos. Esto último le valió una reputación de hombre versado en asuntos mágicos, pero también de algo desquiciado. Su mayor logro, era señalar que el portal del palo borracho, no era el único misterio que escondía la Plaza Sarmiento. Sus investigaciones, de metodología desconocida, revelaban que cada viernes de un mes impar, coincidente con luna llena, las pérgolas de la plaza adquirían la capacidad de mostrar secretos a las personas que desearan cruzarlas. Una de ellas, dejaba ver el evento de mayor trascendencia en el destino. Otra, predecía la identidad del verdadero amor. La tercera, enseñaba lo que se debía hacer para cambiar los errores del pasado. La última, anunciaba el momento de la muerte.

La muchachada y las chinitas, buscaban ansiosos la pérgola del romance definitivo, pero el problema estaba en que el bancario alquimista, nunca explicaba cuál era. Cuando llegaban los días precisos, no cualquiera se arriesgaba a cruzar el corredor equivocado. En definitiva, el futuro es algo incierto, del que nos gustaría saber muchas cosas por anticipado. Pero la muerte, es aquello que sucederá en forma indefectible y, sin embargo, preferimos no darnos por enterados.

Carlos Manuel Vicente

*Foto: cortesía de Patricia Bonaparte

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