PERRO EN LA CALLE

El frío lo encuentra en una esquina cualquiera, en lugares insospechados, y cualquier rincón de la calle le sirve de refugio por esa noche, quizás dos, o algunas cuantas. Mira las personas andar, ve sus caras indiferentes, siente sus pasos, escucha sus conversaciones carentes de sentido. Alguno le echa un ojo, otro le hace una morisqueta, y nunca falta un amigo que le da una mano, una caricia, y hasta algún ansiado bocado. A veces sueña con un hogar, más no por salir de la intemperie, quizás para sentirse querido, pero por sobre todo para querer. Hay muchos como él, camaradas de ese exilio al que fueron lanzados, lejos de las razas selectas. En ocasiones la compañía es grata, aunque también es peor se jauría, para poder conseguir algo. No sabe de dónde vino, menos a donde irá. Es dura la vida andariega, pero marchando se sobrevive. Tal vez le haga un guiño el destino, y algún día llegue a un jardín. Mientras tanto seguirá andando, cuidando la gente pasar. Su astucia, lo llevará a humildes e improvisadas guaridas, otras tantas madrugadas más. Y él continuará esperando, un cálido corazón, que le haga un pequeño lugar.

Carlos Manuel Vicente

perro callejero

LAS FLORES DEL ÁRBOL

Un mundo dentro de otro. El universo en la palma de una mano. Sueños eternos y de otros tiempos, de otros corazones, de otros ojos que miraron al cielo diáfano. Una galaxia de inflorescencias, erupción de las venas del algarrobo; el soberano del valle, sostiene en sus ramas un paraíso nostálgico. Siglos pasaron a sus pies y resiste, estoico, magnífico, desafiando seres y tormentas. Y son cada una de sus flores, las almas de los ancestros de la tierra. Son los hijos de este suelo, una ventana al pasado, y un vistazo al futuro que se avecina. Las miradas que cautiva, caen en su hechizo silente, y abrazan la fuerza de la naturaleza. No hay más poder que su magia arcaica, en la vastedad de hondonadas y sierras, y los años pasarán, pero sus hijos, volverán a ver cada primavera.

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