LA VISITA

Azulina ella marcha por el sendero, y antes de que el sol asome, las aves se acurrucan ante su paso. Las piedritas desplazadas por sus pies, mientras ruedan emiten un sonido, que se hace eco en los cerros. Siempre le han temido, a la parca silueta que transita la noche. El crudo invierno la oculta bien con sus grises ánimos, y le sirve de coartada para sus habilidades. Pero ella sigue caminando. Por los potreros y quebradas, entre pastizales y aguadas, cruza el destino, el tiempo y el espacio.

Carlos Manuel Vicente

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