ILUSIÓN

 

Cuando se derrame por fin la noche eterna,

Sobre los vastos prados del valle verde,

Urdiendo sombras y espíritus vagabundos,

Nacerá la luz en el abismo de mi corazón.

 

Insondables presunciones nos encadenan,

A la existencia del indeciso universo mortal,

Del agua del rio cristalino no has de beber,

Navegan con ella las balsas de la perdición.

 

En los vahos viaja mansa una quimera extraña,

Buscando echar raíces en las mentes solas,

Cual cazador sigiloso en busca de su presa,

Amarras de pasiones sostienen mi razón.

 

Huesos se levantan de sus tumbas de piedra,

Raquíticos fantasmas de carne disecada,

Caminan parloteando agoreras profecías,

Ofreciendo el elixir de muerte y desolación.

 

He de perecer escapando hacia el futuro,

Incansable búsqueda de la última verdad,

Ahogado en el sueño de una pasión sin miedo,

Atrapado en la esperanza de una nueva ilusión.

 

Carlos Manuel Vicente

 

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EL VELOCISTA DE NEGRO

Mucha gente se congrega en la Plazarunner Sarmiento, en todas las estaciones, a practicar deporte, disfrutar del aire libre, o regocijar la vista. Los visitantes hacen ejercicios aeróbicos, saltan la piola, andan en bicicleta, toman mate sentados en el pasto, pasean el perro, o tan sólo se dedican a charlar mirando a los demás pasar. Sin embargo, si existen sujetos que frecuentan el lugar que requieren de especial atención, son los caminantes. Estás personas, tienen rasgos en común que las diferencian de cualquier otro protagonista de la vida cotidiana del espacio verde. La característica obvia compartida, es el placer por caminar, pero en este caso, la caminata se lleva a cabo repitiendo el mismo recorrido en una infinidad de veces. Esta condición, obligada por la situación geográfica de la explanada que cuenta tan solo con una hectárea de superficie, hace que no cualquier ser humano se decida a desandar sus pasos por las amplias veredas.

Los racionalistas del barrio, se reúnen a criticar implacables la actividad repetitiva. Señalan que toda repetición presentada en la naturaleza, conlleva la elaboración de una ley, y en el caso de los andariegos de la plaza, la máxima surgida es: “Caminar en círculos, no es de gente que tenga buena salud mental”. También los filósofos de la vecindad han debatido sobre la actitud de los caminantes. Por supuesto desde otra perspectiva más amplia, pero no menos interesante, ellos cuestionan la finalidad de la acción realizada. Las preguntas que surgen en éstos círculos teleológicos, objetan si de verdad existe placer en emplear una hora de la vida en dar vueltas sobre un mismo eje. Además, agregan que considerando que tal eje es el busto de un prócer, la actividad carece entonces de cualquier fin gozoso. Pero lo que más intriga, es el hecho de que todos los individuos siempre caminan en el mismo sentido, acompañando el tránsito vehicular, en forma opuesta a como giran las manecillas de un reloj. En este punto, el debate se torna intenso entre los versados, ya que los simplistas auguran que la actitud responde a esa conducta de la sociedad actual, de seguir lo que hace la mayoría. – Si un tipo llega a la plaza, y todos los que están van para la derecha, lo que hará es seguir para aquel lado-  explican sin complicaciones. Otros dicen, que tal fenómeno no debe ser tan simple, porque al hacer una breve encuesta entre los vecinos, casi la totalidad señaló no haber visto nunca a nadie caminar en el sentido horario. Una antigua propietaria, fue la única en manifestar que la última y única vez que observó a un sujeto enfrentando el caminar de la mayoría de las personas, fue en 1970.  La vieja narró: – Se supo al tiempo, que el “andarín contrera”, como lo bautizó la gente, fue en cana por intentar un levantamiento armado el solo.

Los alquimistas de la villa, siempre se han interesado en echar leña al fuego en esta discusión. Auguran que tanto racionalistas como filósofos están equivocados. Para ellos, existe una fuerza cósmica sobrenatural en el lugar, responsable de todos los eventos que allí ocurren. En otras palabras, nada de lo que pasa en Plaza Sarmiento es consecuencia de algo azaroso, sino que tiene una lógica inentendible para los mortales. El caso de los caminantes está dentro de esos parámetros, y debe existir una razón mágica que motiva a los sujetos, a echar sus pasos en el sentido y dirección que lo hacen. Alguno de estos personajes esotéricos, se atreve a decir que la clave está en las energías. Explica que ellas se confabulan, y la manera en que se transforman y se expanden, dan origen a todos los eventos, ya que la plaza recicla la descarga energética de los andarines, y esa fuerza pone en movimiento sus misterios cósmicos. Dice un reconocido taumaturgo, experto en energías espacio temporales y empleado de la cooperativa eléctrica: -Imaginen toda esa estática emocional producida por miles de personas que pasan por esas veredas durante el año. Familias, amigos, equipos de futbol, de hándbol, de vóley, de rugby. Todo eso, tiene que generar un desequilibrio energético cosmológico, que tiene que ser el responsable del portal, de las pérgolas clarividentes y de que los fulanos caminen para el mismo lado-.

Jamás han alcanzado ponerse de acuerdo, los alquimistas, filósofos, y racionalistas. Lo cierto es que los vecinos, incluso de barrios aledaños, continúan eligiendo la plaza como lugar de esparcimiento y práctica deportiva. Algunos son conscientes de las historias que circulan sobre el lugar, pero la mayoría las desconoce o, prefiere pasarlas por alto. Existe un mito, que algunos lugareños todavía recuerdan cuando ven trotar a alguien muy temprano en las mañanas, antes que asome el sol. La misma se conoce como el misterio del velocista de negro. Los frentistas a la plaza, notaron cierta madrugada invernal, un hombre que trotaba con entusiasmo en el sentido anti-horario. La atención se posó sobre él, puesto que parecía una sombra, porque llevaba toda la vestimenta en negro. Zapatillas, pantalón y camperita con capucha que le cubría la cabeza, todo sin un solo detalle en color. A la altura de su frente, sobresalía la visera de una gorra, la cual también era oscura.

Algunos caminantes tempraneros, escucharon el rumor y empezaron a adelantar su horario para ver si lo cruzaban. Dieron con el sujeto, que trotaba como si fuera un profesional por su andar incansable, pero nunca podían adivinarle la identidad, y si intentaban hablarle nunca contestaba. Los curiosos y afines al chisme, se hicieron eco del enigma y empezaron a especular, fieles a sus convicciones para armarles historias a los vecinos. Arriesgaban que la sombra corredora era fulano, mengano o zutano, pero ninguno tenía prueba efectiva. Crecía la incertidumbre, pero el tipo ya llevaba más de tres meses donde corría y corría todos los días, alrededor de la plaza. La primavera estaba empezando y junto con ella los días se alargaban, pero él continuaba apareciendo todas las mañanas. Al parecer, prefería la hora del crepúsculo y, su figura se confundía con las sombras que empezaban a proyectarse con el cercano amanecer. Cuando el sol emergía tímido por encima de las sierras para alumbrar el valle, de pronto se esfumaba, sin que nadie se percatara. Muchos intentaron seguirle el paso, pero se hacía imposible para cualquiera. Se notaba incluso, según el testimonio del placero, que el misterioso al trote, había mejorado su condición física con los meses. Hasta la policía intento detenerlo una mañana, para averiguar quién era, pero se escapó corriendo en forma inalcanzable.

Después de cinco meses, una mañana el atleta sombrío no apareció. De hecho, ya no volvieron a ver su silueta, lo que hizo mayor la incógnita. Unos diez días después de la desaparición, una noticia increíble llegaba en un diario de la ciudad capital. Un maratonista de la villa, había resultado ganador de la prueba de 42 km de Santiago de Chile. El asombro cayó como un balde de agua helada entre los vecinos del barrio Jardín, porque el corredor era Natalio Lapere, quien residía a media cuadra de la plaza Sarmiento. Era un hombre de unos cuarenta años, soltero y sin hijos, que vivía en la casa que había heredado de sus padres, y tenía una farmacia a pocas cuadras de la explanada.

Una multitud se dirigió a su negocio para saludarlo, deduciendo que la sombra de todas aquellas madrugadas había sido él entrenándose, sin levantar la perdiz sobre su objetivo.  La única empleada de la Farmacia Lapere, señaló con una sonrisa estupefacta, que Natalio no había regresado, y que ella tampoco tenía idea de que se había convertido en deportista, – Me dijo que se ausentaría unos días, por unos negocios- intentó explicar la señorita.

El velocista de negro nunca regresó, y pasó a formar parte de la cosmología circunscripta a la Plaza Sarmiento. Lo esperaron varios días para agasajarlo. Buscaron la forma de contactarlo, pero fue en vano. Ni sus escasos amigos, ni la poca familia, sabían de su preparación para correr, y menos aún su paradero. Al final, los vecinos se cansaron de la espera, y con el tiempo olvidaron el logro del hijo del barrio. Alguno refunfuñaba de la posibilidad de estrechar la mano de un campeón, o de alardear con poseer uno entre las filas de la vecindad. Las tinieblas cubrieron la historia y el olvido se encargó de que Natalio no fuera un héroe, sino apenas una especulación sin comprobación. Jamás se pudo confirmar que él fue aquella silueta en los crepúsculos, más allá que todos estaban convencidos de que lo era. Mucho menos se podía comprender, las razones para semejante proeza, sin siquiera volver para recibir el afecto de los suyos.

Tal vez la historia de Natalio resume lo que es el éxito. Quizás los mayores logros personales, requieren de un esfuerzo anónimo y de una preparación constante pero invisible a los demás. Es probable que todo aquello que soñamos, que anhelamos alcanzar, no sea de la misma importancia para los otros mortales, y a lo mejor la meta no es lo que da sentido, sino el camino recorrido. Suelen necesitarse retos incomprensibles al pensamiento mundano, y superarlos significa tener valentía y coraje, aun cuando nadie pueda verlo. También puede ocurrir que el alcance de un objetivo sea, el final de una historia y el surgimiento de la necesidad de renovarlo para seguir adelante. No se sabe que fue de Lapere hasta el día de hoy, pero tal vez ya no tenía otras metas y se desvaneció entre los aplausos y abrazos, de la llegada de la Maratón de Santiago de Chile. O quizás, encontró otros desafíos todavía mayores por disputar, y anda por allí en alguna plaza misteriosa de algún lugar lejano, trotando en las madrugadas, buscando superarse.

Carlos Manuel Vicente

¿QUÉ ES EL TIEMPO?

¿Qué es el tiempo?

¿Acaso es esa dimensión que da sentido a las otras?

O quizás sea un simple truco de nuestras conciencias,

Que nos engaña ante cada pestañear.

¿Por qué pasado, presente y futuro?

¿No vivimos en un instante tras otro sin más remedio?

Los recuerdos a veces parecen trampas a la vista,

De las cuales no se puede escapar aun queriendo.

¿Por qué seguimos adelante?

¿Por qué no quedarnos anclados en una sola costa?

Ansiamos lanzarnos a las bravías olas,

A buscar nuestro destino y la libertad del viento.

¿Por qué pensar en la muerte?

¿No es la vida la que nos somete?

En el fondo del espíritu yace la incógnita eterna,

Y en nuestra aguzada percepción de sentidos la respuesta.

¿Por qué detenernos?

¿Cuál es el sentido de viajar con el tiempo?

Cada grano de arena insignificante huyendo por el reloj,

Es una más de miles de esperanzas de existencia.

 

Carlos Manuel Vicente

 

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AGUACERO

Escucha cómo el silencio te habla,
Llamando a tu conciencia a despertar.
Cuando el frenético girar del mundo cesa,
Y tan sólo el canturreo gris del agua cae.
Huele la hierba en esa inmersión fabulesca,
Que lleva a las mañanas hondas del pasado.
Siente el aire plomizo que envuelve el alma,
Capta el peso de tus sentires en el pecho.
Y en tus pulmones, cargados del aire húmedo,
Brota la esperanza de un nuevo crepúsculo.
Escucha cómo las nubes del sur te hablan,
Y las aves se sacuden bajo las hojas.
Concibe el mundo frenar su camino indefectible,
Dejando un espacio temporal sin sentido.
Rompe con tus preceptos por un paréntesis,
Escribe esas palabras que soñaste ayer.
El manto cristalino pronto se marchará,
Resurgiendo el verde esmeralda a las pupilas.
Espera al sol alzarse sobre los cerros del este,
Tirando de sus rayos una nueva ilusión.
Carlos Manuel Vicente
aguacero