LA SIRENA Y EL MAR

Sentada al borde de la silente bahía,

Sus cabellos al son del viento eterno.

La voz quebradiza en un lamento,

Traicioneros vocablos para los peregrinos.

Marineros inmortales, corsarios despiadados,

Nunca pudieron someter su libertad.

El azul del océano contenido en sus ojos,

Profundos abismos de tempestades.

La dama confabula sus notas más tristes,

Escondiendo sus sueños preciados.

No hay mortal que pueda escucharlas,

Sin entregarse a los delirios de muerte.

Llevan sus palabras un mensaje oculto,

Su simple y misterioso amor por el mar.

 

Carlos Manuel Vicente

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