EL TREN FANTASMA

El tren dejó de llegar a la villa hace mucho, allá por los noventa. Sin embargo ciertos noctámbulos aseguran que en las noches cerradas de invierno, cuando la niebla se vuelve una cortina de gris opaco, una luz se ve acercarse por las viejas vías. Incluso describen que a medida que el tamaño y la intensidad de la luminiscencia se incrementan, se empieza a oír un rechinar metálico añejo, que trae nostalgias e historias a la mente y el cuerpo.

Cuentan los vecinos a las vías, que muchas veces han sentido el paso del tren fantasma. Algunos sostienen que la maquinaria espectral no mete tanto barullo como otros argumentan. Señalan que es apenas una lucecita que va al frente, seguido de una nebulosa azul grisácea donde se van formando como vahos entrelazados, los vagones de pasajeros y de carga. Agregan que es una casualidad verpasar al fantasmagórico convoy. En lo que coinciden, es en los recuerdos que acarrea toparse con semejante fenómeno, sobre todo para las personas más entradas en años en la población.

Dicen que una madrugada, una viejita del barrio Jardín, viuda de un antiguo maquinista del Buenos Aires al Pacífico, se fue acercando sin avisar a nadie al paso a nivel por la callecita que va para el barrio Los Olivos, al costado del canal maestro. Testigos anónimos explican que el ferrocarril pasaba de salida, rumbeando con transitar apagado y melancólico hacia el sur. Doña Alba se subió al tren, que frenó su marcha en un lugar no permitido. Nunca más se supo de la anciana, y pocos creyeron el testimonio de sus familiares. Las voces que narran haber presenciado la escena, debaten sobre cuál fue el destino del viaje que emprendió la mujer. Camino hacia la oscuridad, su alma se fue perdiendo conjugada con el silente andar de la vetusta locomotora, una máquina de otro tiempo, portadora de ilusiones y memorias en las que seguro Doña Alba iba a sentirse cobijada, hasta vaya a saber en qué estación, más allá de este mundo de los mortales.

Carlos Manuel Vicente

maxresdefault11