2X1: NO TODOS LOS REOS SON IGUALES; LA INDIGNACIÓN Y LA TRISTEZA DE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO DE ESTADO ES ÚNICA.

Si de sin sentidos se trata, este país parece la tierra prometida para mentirosos, especuladores y faltos de ética. Y si de ausencia de ética se habla, los jueces argentos son la expresión máxima de las mayores incongruencias morales. Pasando por encima de la grieta, que más que eso es una herida que no para de sangrar desde hace casi 65 años, y dejando de lado un rato la ridícula discusión que plantean los apóstoles de la teoría de los dos demonios; el fallo de la corte suprema sobre el dos por uno en favor de los genocidas, es un hecho doloroso y profundo que hiere la integridad de una nación que pretende vivir en democracia desde 1983. Sangre y lágrimas de inocentes costaron la restitución de los derechos constitucionales para todos los argentinos, y ahora, cinco tipos sentados en sus lujosos sillones de poltrona, fallan en favor de quienes se encargaron de sembrar el terror y las sombras que hasta el día de hoy se alargan lúgubres, en la vida de miles de familias.

¡Algo hicieron! ¡Sus madres no los cuidaron bien! ¡La violencia fue de dos los dos lados! ¡Fueron los únicos con pantalones para agarrar la situación!, son frases que circulan y es muy probable que sigan deambulando por el inconsciente y consciente colectivo, y que resultan hasta tolerables y discutibles, cuando de pronto la justicia cae en accionares siniestros que parecen devolver favores a los máximos responsables de un pasado sangriento y horrendo. Porque el estado, que debe ser el garante o al menos mediador en las relaciones entre los actores sociales, que tiene la misión de sostener una institucionalidad en donde los derechos y garantías de los ciudadanos estén vigentes; ese mismo estado fue convertido por militares, civiles y clérigos, en un aparato de represión y exterminación sistemática de personas.

Los cimientos de una sociedad justa e igualitaria, deberían comenzar a rellenarse con la defensa de la verdad, con la libre expresión, con el resguardo de la participación democrática, con la inclusión de las minorías, con garantizar el pleno ejercicio de los derechos de todos los individuos sin importar género, color de piel, etnia o religión. Las dictaduras militares, y sobre todo la iniciada en 1976 en nuestro país, representan la anulación de todo lo antes señalado, y el fallo de la corte suprema en el 2017 es una afrenta a la democracia misma, que con tanta pesadumbre costó volver a construir. Es cierto que en términos de igualdad, libertad y solidaridad, nuestra sociedad aún debe muchas materias por aprobar. Es cierto que las profundas diferencias que nos atraviesan, se convierten en un lastre que parece imposible de quitar sobre las espaldas del pueblo argentino. Y también es cierto que en plena democracia podemos pensar distinto sobre temas diversos. Pero favorecer desde la justicia a genocidas que representan el costado más perverso y malvado de los seres humanos, es un límite que no nos debemos permitir cruzar. Hay líneas, cercos, fronteras que la democracia debe establecer como inmutables si queremos preservarla.

No fueron delitos comunes. Fueron crímenes de lesa humanidad que no prescriben, llevados a cabo desde la toma del poder del estado y la utilización del mismo como aparato de represión y exterminio de lo que una minoría consideraba necesario aniquilar. ¡No al 2×1! ¡Defendamos la democracia! ¡Defendamos el futuro de la Argentina!

Carlos Manuel Vicente

LA GRAN DERROTA EDUCACIONAL

El comienzo de año siempre pone sobre la mesa de discusión, la situación económica de los docentes argentinos. En especial el año anterior y este, con el cambio de partido político al frente del ejecutivo nacional, el reclamo salarial parece cobrar más fuerza que en al menos los dos lustros anteriores. Lejos de intentar poner en tela de juicio el meritorio aumento que deberían recibir los trabajadores de la educación, recalcando esta condición porque algunos parecen olvidar que los maestros y profesores son laburantes, estas líneas tienen la intención de echar un poco más de luz al asunto, o quizás generar otras preguntas.

Pasó una década ganada, y llegó una revolución de la alegría; títulos creados por los propios protagonistas de esos lapsus históricos, que son más una saga de continuidad de la derecha en el poder que de películas de géneros diferentes. Ahora bien, en este febrero de 2017, deberíamos realizar algunas conjeturas que cuestionen un poco la realidad. ¿Qué se discute sobre la educación? ¿Qué objetivos tiene el sistema educativo en nuestro país? ¿Cuáles deberían ser las políticas educacionales correctas? ¿Conocemos el verdadero estado de situación de los docentes, las escuelas, los alumnos? ¿Para qué debemos educar? Con solo leer estas interrogativas, algún apresurado responderá que primero se debe reclamar el aumento salarial y después ir por lo demás. ¡Touché! Primer punto para el poder, en la discusión sobre los valores de la educación. Allí mismo, en esa precisa argumentación, que por cierto no carece de sentido, esta resumida la estrategia de la derecha argentina, y descríbase con ello a la clase dominante.

El problema de la escuela, de todas sus esferas de intervención en la sociedad, se reduce la protesta por lo económico. La gran derrota educacional argentina, se encuentra enmarcada en un partido perdido sobre las ideas. Hoy con un gobierno liberal que grita a los cuatro vientos y sin tapujos, con el apoyo de una parte de los argentinos, sus principios de reproducción de desigualdades, racismo, discriminación; los sectores más perjudicados, entre ellos los docentes, se muestran irritados. Pero esa disconformidad, no es producto de la toma de conciencia del lugar que se ocupa en la sociedad. Durante la década ganada, una serie de programas e inversiones en la escuela, permitieron crear un sistema ideológico que no modificaron en nada las estructuras arcaicas de pensamiento. Cierta estabilidad económica, que bien podrían traducirse en algunos beneficios para los humildes que lo único que hicieron fue engordar el sector financiero de la economía argentina pero no el poder adquisitivo real, hicieron contentar a los gremios docentes. Pero claro, ganar no implicaba ir más allá en una reforma educacional verdadera, que tuviera en cuenta una transformación profunda. Ilusos los que creyeron una posible revolución educativa, teniendo en cuenta que la sensibilidad social del kirchnerismo no pretendía otra cosa que perpetuar a la clase dominante como tal. Dicha clase dominante argentina, que nunca más volvió al poder por la vía democrática desde el golpe del 30, encontró tierra fértil donde echar raíces para alcanzar la victoria en 2015. Macri presidente, es la prueba de la derrota de las ideas, de la educación. Un dicho mundano dice, que lo peor de ser un gil es que uno no se da cuenta que lo es. Nada peor que no tener conciencia de clase. Nada peor que ser sometido y no caer en la cuenta del sometimiento. Nada más triste que educar para que nada cambie. Nada más lamentable que luchar pero para perpetrar el poder.

El reclamo salarial es indiscutible, pero deberían los docentes plantearse una autocrítica profunda, sobre las prácticas desarrolladas en los últimos años, y las consecuencias de las mismas en las generaciones venideras. Un gobierno al que no le importe para nada la escuela y los trabajadores, no es un oasis en el desierto, sino la consecuencia de factores encadenados para la llegada al poder de ese gobierno. Los educadores no deben escaparle al bulto y tienen que preguntarse qué se hizo mal para que haya gente en las calles y las redes sociales, espetando furia contra los propios, y sosteniendo el apoyo a personas que son de otra clase social que ni siquiera los tiene en cuenta. La educación en los últimos años, no ha sido capaz de ser elemento de transformación. Quizás tuvo la posibilidad de ir más lejos, y romper algunos andamiajes y convertirse en un agente de creación de mentes críticas. Pero tal vez este mismo autor está olvidando un detalle importante. La escuela argentina, su modelo educativo, no es otro que el del sistema de reproducción de las ideas del capitalismo. Así como nuestras formas democráticas reproducen las diferencias y solo dan participación a los intereses de los más poderosos, la educación reproduce las ideas que sustentan el marco cultural, económico y político. Por ello, cuando los docentes tuvieron cierto mejor pasar, a ningún gremio se le ocurrió un paro nacional para revolucionar el sistema. Y ahora, cuando el salario ahoga, la discusión es solo por el sueldo. Ese es el triunfo del modelo capitalista; lo que importa es lo material. Así nos educan y así nos forman. Por eso debería quedar claro, para ser conscientes y empezar un cambio; nuestra escuela, es una estructura de reproducción de desigualdades. Nuestro sistema, está pensado para educar a personas dominadas. Parece la historia del huevo y la gallina: para ser conscientes deberíamos educar de otra forma, y para educar de otra forma deberíamos ser conscientes. Sin embargo, la esperanza está en los que no caen en las ilusiones de las sensibilidades sociales de los poderosos. De ellos depende seguir irradiando una luz, por pequeña que sea, en medio de tanta oscuridad, y que permita encender más llamas de conocimiento. Algún día, el fuego habrá de iluminar el cielo.

Carlos Manuel Vicente

¿QUÉ ES EL TIEMPO?

¿Qué es el tiempo?

¿Acaso es esa dimensión que da sentido a las otras?

O quizás sea un simple truco de nuestras conciencias,

Que nos engaña ante cada pestañear.

¿Por qué pasado, presente y futuro?

¿No vivimos en un instante tras otro sin más remedio?

Los recuerdos a veces parecen trampas a la vista,

De las cuales no se puede escapar aun queriendo.

¿Por qué seguimos adelante?

¿Por qué no quedarnos anclados en una sola costa?

Ansiamos lanzarnos a las bravías olas,

A buscar nuestro destino y la libertad del viento.

¿Por qué pensar en la muerte?

¿No es la vida la que nos somete?

En el fondo del espíritu yace la incógnita eterna,

Y en nuestra aguzada percepción de sentidos la respuesta.

¿Por qué detenernos?

¿Cuál es el sentido de viajar con el tiempo?

Cada grano de arena insignificante huyendo por el reloj,

Es una más de miles de esperanzas de existencia.

 

Carlos Manuel Vicente

 

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FEMICIDIO. LA MUERTE CON FACCIONES DE MUJER

Una muerte más. Otro femicidio. femicidioTres en un mes. Quince en el año. Suman y se incrementan las víctimas fatales por cientos. Lo que no cambia es que el rostro de la muerte siempre tiene facciones de mujer. La brutalidad tampoco se modifica, la saña, el mal, lo espantoso se vuelven cotidiano y normal. Todo eso que parece salido de los mejores relatos de horror, se presenta a diario en los matutinos, en la televisión y en internet. Está la tristeza de las familias arruinadas y el lamento eterno de los huérfanos, que muchas veces ni siquiera tienen edad para comprender lo sucedido. Pero también es triste ver que está el morbo de un público que parece ávido de sangre, en busca de detalles macabros y pestilentes.

¿Qué nos pasó como sociedad? ¿Qué hicimos para construir esta realidad? Algunos nos hacemos estos cuestionamientos, pero como son preguntas que involucran al colectivo social, no pueden ser respondidas en pocas líneas. Quizás podamos hacer un análisis sobre los factores que nos llevaron a estos puertos de aguas oscuras y tenebrosas. Pero será difícil encontrar palabras que hagan de calmantes para el dolor que provocan éstas malditas situaciones. ¿Será que siempre hemos sido así? ¿Será que los medios masivos y la instantaneidad con las que vivimos nos llevan a ver toda esa suciedad ante nuestros ojos? Este último cuestionamiento es clave, porque me atrevo a pensar que tanta porquería y miseria humana no puede haber nacido de un día para otro.

Es necesario mirarnos hacia adentro, haceruna auscultación de nuestros órganos sociales. ¿Qué pasa con nuestra educación? ¿A dónde fueron nuestros valores? Convivimos en un mundo donde no todos tenemos los mismos derechos, ni las mismas oportunidades. O mejor dicho, todos somos iguales ante la ley y el estado, pero en la práctica estamos bien diferenciados. Y cuidado, las diferencias sociales son producto de construcciones políticas, económicas e históricas, y no al revés como nos pueden hacer creer algunos. Y en medio de eso está la violencia. En este caso contra la mujer, ya que ese es el motivo de estas líneas. Somos parte de una sociedad que se ríe con el prime time televisivo, que tiene como principal atractivo a la mujer cosificada. Entiéndase por cosificación, el proceso en el cual se convierte a algo en cosa. Defínase como cosa, a un objeto que no tiene pensamiento ni derechos ni opinión, y que puede ser colocada bajo título de propiedad, sin necesidad de papel alguno.

A diario nos hacemos cómplices de chistes que se consideran ingenuos, pero que esconden detrás todas las estructuras de pensamiento arcaicas, en donde la mujer es inferior al hombre. Y reproducimos continuamente esas subjetividades negativas. Pasamos por alto una infinidad de circunstancias en donde se discrimina y se maltrata a alguien, por el solo hecho de ser mujer. Porque la violencia y la discriminación, no son solo físicas, también se practican con la palabra, con las decisiones, con las actitudes. A veces ocurre en forma inconsciente, pero en otras tantas con intencionalidad. Es hora de preguntarnos como educamos a nuestros hijos, a las generaciones venideras. Por supuesto que es necesario que la justicia actúe con rapidez e imponga castigos ejemplares. Pero también nos urge replantearnos que vamos a hacer para que nuestros niños y adolescentes, el día de mañana no repitan nuestros errores. Es hora de cambiar valores, de enseñar de verdad en igualdad de género. Es tiempo de romper todas aquellas estructuras podridas en donde la mujer es un objeto que se puede reclamar en propiedad. Una muerte, dos, veinte, cientos. ¿Cuántas se necesitan para empezar el cambio? ¿Tenemos que esperar a que nos toque de cerca? ¿Qué maten nuestra hermana, madre o hija? Es necesario empezar ahora mismo. La oportunidad de construir una sociedad diferente, se presenta cada día, cada uno con su granito de arena en el lugar que le toque. De lo contrario, ellas seguirán muriendo, y el morbo seguirá de fiesta multitudinaria.

                                                                                    Prof. Carlos Manuel Vicente.